domingo, 19 de febrero de 2012

Amigo


Inmóvil. Casi podría decir intacto. Allí estaba, con su mirada vacía orientada siempre hacia el mismo horizonte. Lo vi, y no pude evitar la nostalgia. Es casi un amigo al que veo de vez en cuando pero que conoce muchos de mis secretos.
Estuvo ahí cuando fui vulnerable a las desdichas de la vida cotidiana. Fue testigo de nuestras manifestaciones de afecto. Esos abrazos eternos que eran nuestro pequeño lugar en el mundo cuando nos quedábamos inmóviles, en silencio y con los ojos fijos en ningún lugar. También supo de nuestra ruptura, y del adiós. Nos albergó en un reencuentro, aún sabiendo que era infructuoso.
Ahora estaba allí. Lo vi. Me vi. Te vi. Los recuerdos estaban allí, todos juntos, esperándome. Me senté unos instantes para entregarme a ellos de una forma ordenada. Me pregunte qué veíamos cada vez que nos sentábamos en ese lugar. Advertí que la vista ya no era la misma, como casi todo alrededor. Como nosotros mismos.
Vos no estabas ahí. En cierta forma, yo tampoco. Los recuerdos, así como llegaron, también se fueron. Él y su vacío, fue todo lo que había.

domingo, 29 de enero de 2012

Anotaciones encontradas

Era otoño. No recuerdo cuánto tiempo hace. El mismo paisaje de la ruta desolada me trae recuerdos inevitables. Ahora el calor del verano tiñe de una mística distinta el recorrido. También es cierto que la esencia de este viaje es distinta. Te adivino en los rincones de mi memoria. Hay un asiento vacío a mi lado. Es como una simbología que representa tu ausencia. La ruta es desolada, como lo es el entorno que la rodea. La aridez de la tierra, las hierbas toscas que nacen de ella, el calor recalcitrante. Difícil y encantador paisaje. Huellas indelebles de un pasado que se fue para nunca volver.
Si pudiera evitar que mis recuerdos se dispararan. Si pudiera detener las lágrimas que se me escapan. Si pudiera irme y dejarte ir, seguramente no volveríamos a cruzarnos. Capricho absurdo de un corazón que no puede dejar de sentir y un deseo que nunca se a a concretar.

miércoles, 25 de enero de 2012

No otra vez

Tu mirada profunda me observa. Hace tanto que no encuentro esa calidez que tanto esperé. Hay un abismo que no nos deja juntarnos. Vos ahí, con tu cara redonda, tu mirada tierna, simpática y tan conocida por mí me atraviesa con una familiaridad que creía olvidada. Ahí estás con tanta naturalidad que parece que nos hubiéramos visto ayer. Te miro y siento que el tiempo no ha pasado.
Me diste señales que no supe entender. Te busqué por caminos equivocados. Te esperé en esquinas remotas de cafés fríos y desolados. Te creía lejos, muy lejos de mí. Recree una historia, le di el argumento que me pareció más adecuado. Me convencí de ello. Y ahora, cuando las palabras sobran, estás ahí. Estoy acá, y te observo. Con incredulidad, con sorpresa, con nostalgia y con tristeza. Ridículos caprichos que nos atan otra vez a un juego de vanas coincidencias.

Equipaje

Turista de profesión. Errar por uno y mil lugares. Recorrer rincones inexplorados y perderse en los otros, los ya gastados.
Llevo mi mochila con todo lo que necesito y más. Nunca me he acostumbrado a viajar liviana. Aún si no llevara nada, sé que el peso estaría allí sobre mis espaldas.
Puede que no me alcancen los caminos. Puede que no me resistan las piernas. Es probable que mis huellas se borren antes de encontrar mi destino.
No hay sitio en el que no estés, aún sin buscarte.
Una coincidencia. Otra. Y luego otra. Hacia dónde podrá migrar el cuerpo ausente. Cuándo levarán anclas los pensamientos acurrucados en el fondo del pasado.
La tarifa del sobrepeso es elevada. Aún así, no puedo soltar mi equipaje.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Tumba

Creí que había muerto. Vi cómo los puñados de tierra iban cayendo sobre su tumba. Sentí la agonía del paso del tiempo y el dolor apagándose en su intensidad. Vi marchitarse las flores. Escribí cientos de epitafios en su honor. Lloré su ausencia. Extrañé su ternura. Olvidé su lado oscuro. Lo idealicé.
Soñé con él cientos de veces. Rogué por él. Recé.
Imaginé que no había vida después de él, que su muerte se había llevado todo. Las hojas amarillas del otoño cubrían cada temporada su refugio perdido entre la soledad y la tristeza.
Sabía que su fantasma seguía rondándome todo el tiempo. Me atormentaba con su presencia invisible. Aún así seguía burlándose de mí.
El había muerto, es cierto. Yo también morí con él. No conozco su infierno, pero sí el mío.
De pronto, un puente me conecta de nuevo. El azar tiene misterios inexplicables. Pero ya no te quiero seguir padeciendo.

sábado, 30 de julio de 2011

Bruma

Aún se notan las huellas de tu paso en la arena. Es un mapa que se pierde en la inmensidad de un mar que va y viene incesantemente, que choca contra las rocas y se vuelve a sumergir con fuerza en las profundidades misteriosas que se agitan con regularidad.
El viento hace su contribución arrastrando la salinidad del rostro que se pierde en los labios. Océanos de melancolía que duele a veces. Acordes que diluyen palabras en una mezcla confusa de imágenes que se esfuman progresivamente con su brisa.
Las palabras que pronunciamos alguna vez se fueron tras tus pasos. En ocasiones algunas de ellas regresan desordenadas. Rompecabezas del tiempo que no llego a reconstruir con facilidad.
Sonidos que son familiares me acercan ciertas fotos que ya no conservo. Ansias traicioneras me impulsan a resquebrajarme en mil pedazos con acciones que no puedo controlar. Retazos de una vida fuera de control.
La humedad de la arena se siente con intensidad en los pies temblorosos del invierno. Un cuerpo sin alma espera tendido en la playa un rescate que llega demasiado tarde.

sábado, 23 de julio de 2011

Insomnio

Es una noche fría con el insomnio como protagonista. El cansancio se hace sentir, pero aún así no se asoma siquiera la voluntad de cerrar los ojos. Una taza de te caliente me acompaña, y de fondo, algún personaje me interpela desde el televisor encendido. No le presto atención, poco me importa lo que haga para que me concentre en él, mis pensamientos están muy lejos. No es una lejanía física, es temporal.
Todo mi ser funciona por inercia. Me pregunto dónde quedaron mis signos vitales, aquellos que se encendían de entusiasmo ante una nueva expectativa. Miro mis manos heladas y siento en ellas la resignación.
La luna, afuera, también está en soledad. Por momentos pienso que me observa, sin embargo un instante más tarde me río de la ridiculez de la ocurrencia. La oscuridad que la rodea, me envuelve. La humedad del rocío me hace tiritar. Hay tantas verdades que se desdibujan ante mi mirada confusa. La mezcla de niebla y cenizas del pasado me muestran fotos en sepia que creí olvidadas.
Quisiera borrar con el codo todo lo que escribí durante años. Nunca me di cuenta que la tinta era indeleble y que las huellas marcarían una trayectoria que ya jamás podría abandonar.
La infusión que sorbo casi con desesperación es un alivio para el clima gélido que me abruma, escaso bienestar que finaliza en el silencioso transcurrir de mis lentos pesares cristalinos. Perdí la noción del tiempo. Estoy condenada a morir en mi propio infierno. Algún juez maléfico se encargó de hacerme padecer mi castigo. Tal vez esté perdiendo la razón, pero sé que aunque es casi imperceptible, el fantasma de tu ser aún está conmigo.