lunes, 9 de julio de 2012

Pasa-Do

El ánimo disminuido. Está chiquitito y acurrucado en algún lugar del ser. El corazón está un poco atrofiado, y si bien late con la fluidez natural, se siente un poco pesado y tan estrujado como si fuera una pasa de uva.
A lo lejos se percibe a la gente que viene y que va. La calidez de otros tiempos parece escabullirse y el entusiasmo retrocede cada tanto unos pasos más. Todo es tan lejano, tan distante, que parece inverosímil.
Las vivencias que en ocasiones recaudaron risas y energía, que alimentaron el espíritu y parecieron llevarlo hasta lo más alto, de pronto, se desvanecieron. Caricias en el alma que se las llevó el sepia del tiempo que sin ser tan remoto, de pronto, se volvió obsoleto. Una sensación de vacío que la nostalgia no puede ocupar. Un desgano que se apropia del futuro incierto y que deja como resultado una desilusión creciente.
El viento siempre se ocupa de borrar los recuerdos como se barren las hojas amarillas que cubren las veredas en otoño.
Todo pasa. Eso dicen. Compruebo que es cierto.

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