domingo, 15 de abril de 2012

Desencanto

Es cierto, algo de magia hubo en aquel instante único. Quizás sólo fueron chispazos que confundimos con una luz mucho más importante. La lumbre nos dio una calidez suave como la de una caricia. En la oscuridad del universo, el juego de luces y sombras se volvió confuso y nos devolvió mínimos gestos proyectados en señales enormes. Era fácil confundir el mensaje, y nos llevó tiempo decodificarlo correctamente.
Cuando pudimos articular las piezas, ya era demasiado tarde.Creímos en una sensibilidad que no teníamos. Las ilusiones que fuimos dibujando en una construcción cotidiana se escabulleron entre los dedos como se escapa el agua fresca a través de los serpenteos de la montaña. En caída libre nos encontramos de pronto en una cascada de incógnitas que golpeaban fuertemente contra las rocas de nuestros desaciertos.
Las noches de estrellas habían sido un refugio para las historias que elegíamos contarnos. También fueron las que pusieron su manto de oscuridad y silencio sobre lo que ya no tenía remedio. Su inmensidad nos cubrió pero de una forma abismalmente diferente. Su frío intenso de agosto golpeó dos veces. El primero fue de sorpresa, el segundo, fue el de gracia. El eco de su estridencia aún resuena como una apenas perceptible música lejana.
Como si un espejo se hubiera deshecho contra el piso y sus esquirlas se hubieran desparramado de un modo irreparable. Así fue el momento preciso en que aquel encanto que nos había hechizado, migró de pronto a distorsionar otras realidades. Nunca más volvimos a dar con él, pero sin embargo, nos quedamos más ciegos que antes.

domingo, 19 de febrero de 2012

Amigo


Inmóvil. Casi podría decir intacto. Allí estaba, con su mirada vacía orientada siempre hacia el mismo horizonte. Lo vi, y no pude evitar la nostalgia. Es casi un amigo al que veo de vez en cuando pero que conoce muchos de mis secretos.
Estuvo ahí cuando fui vulnerable a las desdichas de la vida cotidiana. Fue testigo de nuestras manifestaciones de afecto. Esos abrazos eternos que eran nuestro pequeño lugar en el mundo cuando nos quedábamos inmóviles, en silencio y con los ojos fijos en ningún lugar. También supo de nuestra ruptura, y del adiós. Nos albergó en un reencuentro, aún sabiendo que era infructuoso.
Ahora estaba allí. Lo vi. Me vi. Te vi. Los recuerdos estaban allí, todos juntos, esperándome. Me senté unos instantes para entregarme a ellos de una forma ordenada. Me pregunte qué veíamos cada vez que nos sentábamos en ese lugar. Advertí que la vista ya no era la misma, como casi todo alrededor. Como nosotros mismos.
Vos no estabas ahí. En cierta forma, yo tampoco. Los recuerdos, así como llegaron, también se fueron. Él y su vacío, fue todo lo que había.

domingo, 29 de enero de 2012

Anotaciones encontradas

Era otoño. No recuerdo cuánto tiempo hace. El mismo paisaje de la ruta desolada me trae recuerdos inevitables. Ahora el calor del verano tiñe de una mística distinta el recorrido. También es cierto que la esencia de este viaje es distinta. Te adivino en los rincones de mi memoria. Hay un asiento vacío a mi lado. Es como una simbología que representa tu ausencia. La ruta es desolada, como lo es el entorno que la rodea. La aridez de la tierra, las hierbas toscas que nacen de ella, el calor recalcitrante. Difícil y encantador paisaje. Huellas indelebles de un pasado que se fue para nunca volver.
Si pudiera evitar que mis recuerdos se dispararan. Si pudiera detener las lágrimas que se me escapan. Si pudiera irme y dejarte ir, seguramente no volveríamos a cruzarnos. Capricho absurdo de un corazón que no puede dejar de sentir y un deseo que nunca se a a concretar.

miércoles, 25 de enero de 2012

No otra vez

Tu mirada profunda me observa. Hace tanto que no encuentro esa calidez que tanto esperé. Hay un abismo que no nos deja juntarnos. Vos ahí, con tu cara redonda, tu mirada tierna, simpática y tan conocida por mí me atraviesa con una familiaridad que creía olvidada. Ahí estás con tanta naturalidad que parece que nos hubiéramos visto ayer. Te miro y siento que el tiempo no ha pasado.
Me diste señales que no supe entender. Te busqué por caminos equivocados. Te esperé en esquinas remotas de cafés fríos y desolados. Te creía lejos, muy lejos de mí. Recree una historia, le di el argumento que me pareció más adecuado. Me convencí de ello. Y ahora, cuando las palabras sobran, estás ahí. Estoy acá, y te observo. Con incredulidad, con sorpresa, con nostalgia y con tristeza. Ridículos caprichos que nos atan otra vez a un juego de vanas coincidencias.

Equipaje

Turista de profesión. Errar por uno y mil lugares. Recorrer rincones inexplorados y perderse en los otros, los ya gastados.
Llevo mi mochila con todo lo que necesito y más. Nunca me he acostumbrado a viajar liviana. Aún si no llevara nada, sé que el peso estaría allí sobre mis espaldas.
Puede que no me alcancen los caminos. Puede que no me resistan las piernas. Es probable que mis huellas se borren antes de encontrar mi destino.
No hay sitio en el que no estés, aún sin buscarte.
Una coincidencia. Otra. Y luego otra. Hacia dónde podrá migrar el cuerpo ausente. Cuándo levarán anclas los pensamientos acurrucados en el fondo del pasado.
La tarifa del sobrepeso es elevada. Aún así, no puedo soltar mi equipaje.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Tumba

Creí que había muerto. Vi cómo los puñados de tierra iban cayendo sobre su tumba. Sentí la agonía del paso del tiempo y el dolor apagándose en su intensidad. Vi marchitarse las flores. Escribí cientos de epitafios en su honor. Lloré su ausencia. Extrañé su ternura. Olvidé su lado oscuro. Lo idealicé.
Soñé con él cientos de veces. Rogué por él. Recé.
Imaginé que no había vida después de él, que su muerte se había llevado todo. Las hojas amarillas del otoño cubrían cada temporada su refugio perdido entre la soledad y la tristeza.
Sabía que su fantasma seguía rondándome todo el tiempo. Me atormentaba con su presencia invisible. Aún así seguía burlándose de mí.
El había muerto, es cierto. Yo también morí con él. No conozco su infierno, pero sí el mío.
De pronto, un puente me conecta de nuevo. El azar tiene misterios inexplicables. Pero ya no te quiero seguir padeciendo.

sábado, 30 de julio de 2011

Bruma

Aún se notan las huellas de tu paso en la arena. Es un mapa que se pierde en la inmensidad de un mar que va y viene incesantemente, que choca contra las rocas y se vuelve a sumergir con fuerza en las profundidades misteriosas que se agitan con regularidad.
El viento hace su contribución arrastrando la salinidad del rostro que se pierde en los labios. Océanos de melancolía que duele a veces. Acordes que diluyen palabras en una mezcla confusa de imágenes que se esfuman progresivamente con su brisa.
Las palabras que pronunciamos alguna vez se fueron tras tus pasos. En ocasiones algunas de ellas regresan desordenadas. Rompecabezas del tiempo que no llego a reconstruir con facilidad.
Sonidos que son familiares me acercan ciertas fotos que ya no conservo. Ansias traicioneras me impulsan a resquebrajarme en mil pedazos con acciones que no puedo controlar. Retazos de una vida fuera de control.
La humedad de la arena se siente con intensidad en los pies temblorosos del invierno. Un cuerpo sin alma espera tendido en la playa un rescate que llega demasiado tarde.