sábado, 16 de junio de 2012

Reconstrucción

No por lento, el tiempo deja de transcurrir. Casi inadvertidamente los días se transforman en semanas,las semanas en meses, y los meses en años. Un suceder que tiene una rítmica extraña. Como un cuerpo destemplado que tirita en pleno verano, como los días de sol en pleno invierno, me acostumbré a la compañía sigilosa de mis pensamientos, al silencio absoluto de emociones cruzadas.
Nubes grises que atraviesan la existencia toda, que reducen a la nada las huellas de sensibilidades olvidadas. Rincones del mundo que sirven como refugio para esconder la pureza de debilidades inexplicables. No se trata de una tormenta de verano. Es un temporal que arrasa con todo, que destruye primero lo precario, pero que no perdona ni lo que aparece afianzado desde la raíz.
El después es un largo trajinar entre escombros. Reconstruir un mundo microscópico que es inconmensurable e indescriptible entre tantas esquirlas, una tarea ardua que agota de solo esbozarla.
Caminos ya gastados que no conducen a ningún lugar. Mirar hacia atrás y dejarse arrastrar hacia precipicios inagotables. Girar en círculos hacia los infiernos. Nada a qué asirse, entregarse en caída libre. Morir una y mil veces.
De pronto, en medio de la oscuridad, algo de magia sucede. Cuando nadie lo espera, cuando la imaginación no es capaz de crear nuevas representaciones se encuentra el ser con una realidad diferente. El tiempo pasa, es cierto. Todo pasa. Y vos también.

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